
Argentina y Rusia ante el oligopolio transnacional del comercio de cereales y oleaginosas
Este artículo analiza el papel de las corporaciones transnacionales en el comercio mundial de granos y oleaginosas. A través de los casos de Argentina y Rusia se muestra cómo la dependencia de los grandes traders globales genera vulnerabilidad económica y política, y por qué la experiencia rusa bajo sanciones puede convertirse en un referente para la recuperación de la soberanía comercial.
El episodio de “el gran robo de granos”
En el año 1972 (plena guerra fría) la entonces Unión Soviética duplica y más sus compras de cereales. Parte del maíz cosechado en Iowa y trigo de Dakota del Sur y Kansas salieron con destino a la URSS, mientras el Departamento de Agricultura del Gobierno de los Estado Unidos (USDA) era el último en enterarse.
Este cambio de política comercial de la URSS de compras masivas de cereales provenientes de EEUU, provocó una inflación en el precio de los alimentos en Estados Unidos. Que el rival estratégico de Estados Unidos haya podido hacer una compra al margen de la voluntad política del gobierno estadounidense, fue lo que llamo a la reflexión de la autonomía y el poder con que se manejaban las transnacionales que comercializaban granos.
Comercio del cereales y oleaginosas y quien lo regula
El cereal históricamente está en la base de la dieta población mundial desde que ésta se urbaniza. La demanda de cereal se profundiza durante la revolución industrial al ser el alimento ideal para las masas de trabajadores. Dada las mejoras tecnológicas en el transporte, comienza a ser importado por los países industrializados desde naciones que tenían ventajas comparativas para su producción.

Las fuentes de cereales son menos diversas que las de otros recursos. Solo pocos países tienen excedente de producción de este producto. Y el arbitraje de este excedente se concentra en un puñado de empresas transnacionales.
Resulta difícil entender como pudieron las compañías cerealeras internacionales deslizarse a través de la historia con tanta discreción como lo hicieron. El cereal es el único recurso en el mundo aún más importante que el petróleo para la civilización moderna. (Morgan,D, (1979), Los Traficantes de Granos, Buenos Aires, Ed. Abril, pág. 9)
Las empresas que oligopolizan mundialmente la comercialización y que tienen enorme influencia en la determinación internacional del precio de granos son Archer Midland Daniels (EEUU), Bunge (EEUU), Cargill (EEUU) y Louis Dreyfus (Francia) y Cofco (China).
Si bien las producciones nacionales cubren la mayor proporción del consumo de alimentos básicos de las poblaciones locales, es el mercado internacional el que mueve el precio. El precio interno se alinea con el del precio del producto para la exportación.
Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill, Louis Dreyfus y Cofco manejan la mayor parte del comercio mundial de granos. Su actividad presenta una integración vertical con presencia y control en toda la cadena. No solo manejan las actividades de comercio.
También las de transporte y almacenamiento, son proveedores de insumos agrícolas (semilla, fertilizante, agroquímicos), tienen acopios, poseen sus propios medios de transporte por tierra, elevadores de granos, puertos y buques. Del mismo modo, procesan la materia prima en sus propias instalaciones obteniendo aceites, harinas y biocombustibles. Pero no son los dueños de la tierra…
Originadas en el S XIX como empresas familiares (excepto Cofco cuyo ascenso viene empujado por el crecimiento económico de China en las últimas décadas) las firmas han tratado de mantener su bajo perfil corporativo. No obstante, en los últimos años han cedido a las tendencias de la financiarización del capital y, con excepción de Cargill, han comenzado a cotizar en bolsa. Con creciente participación de las Compañías Administradoras de Capital. Como BlackRock por ejemplo.
Argentina y Rusia
La Argentina y Rusia son dos países productores y exportadores de Cereales y Oleaginosas. Rusia lidera las exportaciones de trigo acaparando un 20% del mercado mundial, y Argentina ocupa el 7mo lugar en ese ranking. Pero el país sudamericano es el primer exportador en aceite y harina de soja, y el segundo en maíz. En Argentina esos productos salen ultramar por el Rio Paraná desde el Rosafé, un complejo portuario agroindustrial que está (junto con el de Nueva Orleans –EEUU- y Santos –Brasil) entre los tres más grandes del mundo. Rosafé está oligopolizado por las transnacionales comercializadoras de granos mencionadas, donde el Estado hoy cumple un rol de espectador con vista entre miope y nublada.
La actividad en el caso Argentino tiene una gravitación especial, ya que el complejo granario y oleaginoso es entre el 40 al 50 por ciento de todas las exportaciones nacionales. Que sea la principal entrada de dólares del país tiene su correlato político. Argentina adolece de una fuerte necesidad de dólares para importar insumos que su industrialización incompleta no fabrica, para los pagos de su endeudamiento externo y para los requerimientos de una población que busca acumular en divisa, dada la debilidad de la moneda nacional.

Estando extranjerizada la cadena de exportación, gran parte del excedente granario oleaginoso producido en territorio Argentino migra fronteras fuera. Esto sucede por mecanismos de elusión y evasión impositiva a través de la manipulación de los precios de transferencia, remisiones de capital a casas matrices y fuga. Sin contar que la extranjerización consolida el reservar los eslabones de mayor agregado de valor y tecnología para los países centrales.
La experiencia de Rusia, donde también actúan las mismas comercializadoras transnancionales nombradas, es de sumo interés para Argentina. Con motivo de las sanciones económicas por parte de EEUU, las comercializadoras transnacionales se están retirando de Rusia en la exportación de granos. Lo que, más que un problema, puede ser una oportunidad.
El director general de Instituto de investigaciones de mercados Agriculturales con centro de Moscú (IKAR) Dmitry Rylko, afirmó que el mercado de exportación de cereales de Rusia puede prescindir de estas empresas, reconociendo la valiosa contribución de las compras nacionales que proporcionan liquidez y competitividad a los agricultores.
El cómo administre Rusia el retiro de las comercializadoras transnacionales de granos, el resultado económico positivo que obtenga de esto y la baja de la centralidad del dólar como moneda de intercambio mundial, es una cuestión trascendental para Argentina. También en el orden del aprendizaje que debemos hacer para la recuperación de la soberanía en el diseño y ejecución de la política pública en comercio internacional.
Autor invitado: Javier Ortega, Doctor en Derecho Público y Economía de Gobierno, Docente de la Universidad de Lanús, Argentina

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