
Los trazos estructurales de la política exterior de Javier Milei
Realizar una evaluación de la política exterior de Javier Milei en términos estructurales resulta un desafío interesante. Para ello daremos cuenta primero de cuál es el estado de situación en el largo plazo -desde la recuperación democrática en 1983-, para luego interiorizarnos desde varios puntos significativos que nos permitan efectuar un análisis de la estrategia libertaria.
Las condiciones estructurales de la política exterior argentina
Las políticas exteriores desde 1983 continuaron construyéndose en un interesante juego de equilibrios entre las tendencias autonomistas que privilegiaron a la región, como escenario principal de su agenda, y los de inserción enfocada en la potencia hegemónica occidental, como venía ocurriendo desde los inicios de la Guerra Fría. Dentro del primer grupo encontramos a los gobiernos de Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Alberto Fernández, quienes además de centrarse en la región procuraron no desatender la relación con Washington, multiplicaron los puntos de apoyo sobre todo hacia los países periféricos y emergentes; y los segundos, los globalistas[i] pusieron el acento en la relación con la potencia hegemónica con una escasa diversificación, allí ubicamos a las administraciones de Carlos Menem, de Fernando de la Rúa, Mauricio Macri y, como veremos el de Javier Milei (Simonoff, 2024).
La cuestión que los separa no está en una relación una dialéctica inserción/aislamiento como se enuncia desde la política sino por generar una inserción donde cada coalición tiene en cuenta un interés nacional diferente, de acuerdo a los sectores que representan.
Existen múltiples puntos de contraste, como, por ejemplo, la jerarquización de los países de la Triada (Estados Unidos, Europa Occidental y Japón) por aparte de los globalistas, mientras los autonomistas lo están en la región y fundamentalmente con Brasil. O, el hecho que aquellos confunden el Interés Nacional de un país como el nuestro con el de aquella, y aunque sabemos que puede haber puntos de convergencia, los cuales hay que saber determinar y explotar, difícilmente sean “idénticos”. Pero ahí no termina su confusión, ya que ellos interpretan que “los intereses nacionales se diluyen en el orden creado por el multilateralismo de las relaciones internacionales, la llamada gobernanza global.” (Cervo, 2003, 18)
Este desconcierto lleva a la pérdida de centralidad de la accionar del Estado que va acompañada de cierto discurso economicista en detrimento del político que reduce la vinculación externa a una estrategia de marketing comercial[ii].
En los primeros tiempos de la posguerra fría la Triada dirigió la agenda desde el G 7 para imponer el llamado Consenso de Washington II[iii] al cual son sensibles los globalistas y cuyo fin era crear un régimen internacional que Dani Rodrik (2011) denomina “hiperglobalización”.[iv]
El deterioro de las capacidades estatales hizo que muchos lo pensaran como un hecho irreversible, sin embargo, con el correr del tiempo, este proceso ha ido menguando su influencia, producto de las “deficiencias en la gobernanza global” puestas al desnudo por la Crisis de 2008 y el debilitamiento del multilateralismo, porque los países de la Tríada “han puesto en primer lugar sus agendas nacionales.” (Rodrik, 9 de junio de 2023)[v] El constante cruce entre sus pretensiones políticas internacionales y la globalización, generó tensiones que llevaron a los gobiernos a seguir conservando “legítimamente la plena autonomía” a pesar de una práctica y un discurso que la contrariaba. (Rodrik, 9 de junio de 2023)[vi]
Para poder hacer una caracterización hemos seleccionado cinco puntos que creemos que son significativos para poder efectuar una mejor identificación de los modelos: hacia qué tipo de globalización se dirigen con su estrategia las elites que disputan el control de Estado Nación, cuál es su posición frente a la potencia que encarna una alternativa, que tipo de política regional impulsan, cómo se plasma la vinculación con otros países de la periferia y que posición sostienen frente a la cuestión Malvinas.
Hacia qué tipo de globalización se dirigen con su estrategia[vii]: para los globalistas no existe otra alternativa que sumarse a la Tríada y su hiperglobalización, ya que evalúan la existencia de un sistema de alianzas rígidas como las observadas en los años previos a la Primera Guerra Mundial o durante la Guerra Fría que les impide tomar otras opciones[viii]. Se reivindican como parte del Norte global, sin considerar ciertas particularidades como el hecho de ser un país periférico, por ejemplo. La percepción de un esquema rígido los lleva a promover un alineamiento automático con las potencias tradicionales que a veces roza la subordinación autoimpuesta, como lo expresó oportunamente José Paradiso (1993: 200). Promocionan el ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ente que la consideran una organización neutral y no un think thank promotor de normas y patrones de comportamiento neoliberales para la gobernanza global. Mientras que el autonomismo busca un menor grado de globalización, una mayor participación con los actores del Sur Global y perciben al Sistema Internacional como uno de alianzas flexibles, donde pueden existir convergencias y divergencias con ambos polos.
El grado de apertura a la globalización se debe fundamentalmente a qué tipo de diseño económico responden, mientras los globalistas están vinculados a un modelo de acumulación financiera con lazos en los agronegocios y por lo tanto apuntan a la mayor apertura, y aquellos vinculados con la industrialización, con sus matices, se alejan de ella y están más próximos a la autonomía.
Estos posicionamientos determinan, contrario sensu, la posición hacia China[ix], mientras los primeros se centran en la indiferencia u oposición, ya que la ven como una competidora de la hegemonía occidental, -y a pesar de que sectores involucrados con el globalismo se benefician de esa relación, como puede ser el complejo sojero y sus derivados-, reduciendo estas vinculaciones a aspectos meramente comerciales, los más asimétricos de la relación. En cambio, los segundos promueven una profundización de los lazos en los marcos de la Asociación Estratégica Integral y con la integración a la Franja y la Ruta de la Seda para poder avanzar en la articulación de nuestra economía con sus cadenas de valor[x].
En el plano regional encontramos que en el sistema interamericano los globalistas aceptan y promueven la articulación de políticas de seguridad que les impone Washington desde la Organización de Estados Americanos (OEA) -organismo que ponderan frente a otros como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) o la Unión de Naciones Sudamericana (UNASUR)-, y donde se ha ido constituyendo un derecho a la injerencia selectiva, como ocurre a nivel mundial, desplazando al de no intervención. Sin embargo, y a diferencia de sus antecesores occidentalistas, tienen una política activa hacia el área, con la promoción de integraciones regionales de tipo comercialista[xi] que garantice la inserción internacional impulsada por la Tríada, y en esta coyuntura especifica, impulsando la firma del anunciado acuerdo Mercosur-Unión Europea, entre otros, con los que buscan consolidar la agenda OMC Plus que claramente profundiza la hiperglobalización.[xii]
Los autonomistas promueven vinculaciones regionales prioritarias de carácter solidarista[xiii] como la CELAC, la UNASUR o el propio Mercosur, en un sentido más amplio que la mera articulación comercial, ya que parten del criterio que nuestros países comparten problemas similares de inserción, y con ellas se puedan generar capacidades para mejorar nuestro posicionamiento frente a la globalización.
La vinculación con otros países de la periferia, tanto Drekonia Kornat (1981), como Dallanegra Pedraza (2009) han caracterizado las estrategias globalistas como de aislamiento y rechazo a este tipo de alianzas, al contrario, para los autonomistas su promoción se inscribe en aumentar su capacidad decisoria, en este marco tenemos la aceptación del ingreso a los BRICS.
En cuanto a la cuestión Malvinas, siguiendo a Puig (1983) el acercamiento a los principales repartidores del régimen internacional de los globalistas lleva a derivar la negociación hacia otro tipo de cuestiones que alejaban al país de la discusión de fondo que deslegitiman la disputa. Frente a ellas los autonomistas buscan maniobras sustentadas en alianza con países periféricos que acompañen y ayuden a legitimar el reclamo en diversos tipos de foros y también podríamos entender que compensaba la asimetría inicial desde donde se negocia con la potencia ocupante del territorio argentino.
La estructura en la coyuntura: la política exterior de Javier Milei
Para poder desarrollar el análisis específico de la política exterior de Milei, luego de haber presentado el modelo de estructural, veremos como si el proceso se ajusta o no a él.

El grado de globalización, como ya lo dijimos, se debe fundamentalmente a qué tipo de diseño económico responde esa política exterior. En este caso está vinculado a un modelo de acumulación financiera[xiv] y, por lo tanto, apuntan a una mayor apertura, como reflejan algún pasaje de su Plan de Gobierno, donde se hablaba de una apertura "unilateral a la chilena" -construida en un contexto muy diferente al actual- (La Libertad Avanza, 2023), y reforzado tanto por las modificaciones al Código Aduanero en el DNU 70/2023, el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) y el reciente anuncio de blanqueo de capitales -que generó fricciones con el FMI en cuanto a la eliminación de controles fiscales-, como por el anuncio de retomar el proceso de ingreso a la OCDE. A pesar de todas estas señales y facilidades durante el primer año de gestión los números no parecen acompañarlo[xv].
Uno de los rasgos novedosos es lo que denominamos “tecnodiplomacia”[xvi] Milei se vio en seis oportunidades con Elon Musk, estimulado en cierta convergencia ideológica común en el anarcocapitalismo[xvii], más allá de ello en términos prácticos hasta el momento no existieron muchos resultados concretos.
Desde lo político, en el mismo documento se sostuvo que "la alineación en materia de relaciones exteriores con todas las causas democráticas del mundo" (La Libertad Avanza, 2023). Pero este alineamiento con las “democracias de occidente” se hizo desde una percepción muy particular de ellas, siguiendo una interpretación del Teorema de Arrow por la cual las reglas del mercado están por encima de la democracia (Marey, 2023) lo que las circunscribe a las cuales representan un neoliberalismo ultraortodoxo. E incluso su idea de democracia está fundada en la clausura de la conflictividad, por vía represiva, y la falta de pluralismo (Borovinsky, Plot y Slipak, 2024) con la exclusión de quienes no comparten en un todo sus ideas en nombre de la “batalla cultural”[xviii]. Es por ello que su compromiso se encuentra reducido a acercarse a gobierno de extrema derecha, como Bukele en El Salvador o Meloni en Italia, o a grupos opositores del mismo signo, como en el caso de Vox en España, generando una diplomacia paralela.
Más allá de esta cuestión conceptual, Milei lo precisó que ese alineamiento es con Estados Unidos e Israel, un posicionamiento típico de las nuevas derechas.
Un dato que demuestra el grado de plegamiento a Washington, como lo indicó Walter Curia, en las votaciones en Naciones Unidas Argentina fue el segundo país en coincidencia con un 82 %, luego de Israel (Curia, 25 de julio 2025: 10)[xix] Sin embargo, existieron múltiples desafíos con los demócratas en cuestiones como el cambio climático, la defensa de la democracia y los derechos humanos, como se observó en la Asamblea de la OEA que tuvo lugar en Asunción del Paraguay en 2024[xx].
La llegada de Trump recompuso este frente, pero en política comercial los anuncios de aplicación de aranceles por parte de la administración republicana fue una prueba a los frutos que el alineamiento ofrecido por Buenos Aires. En un principio se encontró con una negativa de Washington a establecer excepciones (Lugones, 12 de febrero de 2025: 14) y no lo distinguió de países menos genuflexos como Brasil, Chile y Colombia. Luego en la medida que se aclaró la estrategia trumpista, y producto de negociaciones,se obtuvo como resultado que:
A partir de ahora regirá un 10% para una serie de productos, salvo el aluminio y el acero, a los que les aplican 35%. Argentina quedó en el grupo de los países con aranceles más bajos y sigue abierta una negociación de carácter confidencial. EE.UU. reclama que el país cambie su ley de Propiedad Intelectual, que beneficia a laboratorios nacionales (Niebieskikwiat, 1 de agosto de 2025: 19)
Pero por otra parte se encuentra demorado el anunciado Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos con un escaso interés de Washington, lo cierto es que en el mejor de los casos se podría negociar uno de reciprocidad comercial que es claramente distinto a las expectativas del libertario (Serrichio, 22 de febrero de 2025).
Desde el punto de vista del interés argentino esta propuesta posee problemas de coyuntura, como lo describimos más arriba por la política arancelaria de Washington frente a la aperturista de Argentina[xxi] y la existencia de economías competitivas en materia agrícola donde la contraparte norteamericana tiene un generoso sistema de subsidios profundizando las desigualdades.
En el plano político como una primera aproximación podemos decir que el enfoque de La Libertad Avanza (LLA) devela la creencia de la existencia de un sistema internacional donde predominarían las alianzas rígidas, como en la Guerra Fría, como lo demostró el pedido de incorporación como miembro de global de Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus gestos ante los conflictos en Ucrania y Gaza.
En el primero de los casos, luego de un acercamiento a Zelenski sobre todo por la incorporación del país al Grupo de Apoyo a Ucrania (UDCG) pero con la llegada del magnate republicano, Milei se alejó de Kiev ya que acompañó la posición de Estados Unidos, como lo demostró en Naciones Unidas en febrero de 2025 cuando se abstuvo de votar una resolución auspiciada por ésta última que condenaba a Rusia y alineándose con la posición de Washington (Niebieskikwiat, 25 de febrero de 2025: 10).
Con respecto a su alineamiento con Israel, confirmó sus anuncios electorales de tener una posición más allá de la legítima defensa frente al ataque del 7 de agosto de 2023, la calificación de Hamas como organización terrorista y trasladar a Jerusalén la Embajada argentina[xxii]. Si bien el macrismo siguió una agenda similar hacia Israel aquí tenemos como refuerzo las percepciones místicas religiosas y ultra ideológicas del Presidente, como lo ha señalado Fabián Bosoer:
… una relación más estrecha con Israel, como parte de una estrategia internacional asociada a un determinado contexto geopolítico, pero además a componente fuertemente ideológico y confesional, supone una novedad en la historia de las relaciones bilaterales… (Bosoer, 2024: 164)
Y esta decisión se vio reforzada por las votaciones en la Asamblea General entre las que se encontraban la solicitud de cese el fuego en diciembre de 2023, poner fin de la represalia israelí en Gaza en septiembre de 2024 y el voto contrario al ingreso de Palestina en la ONU en mayo de 2025, en este caso junto a EEUU, Israel, Checa, Hungría y 4 estados de Micronesia.
El rechazo al multilateralismo es uno de los rasgos más marcados y contradictorios con la tradicional estrategia argentina, como fue evidente en su discurso en Naciones Unidas en 2024 por “imponer” las Agendas 2030 o Futuro, o el retiro de la Organización Mundial de la Salud, un reflejo o seguimiento de los anuncios hechos de Trump en ese campo (Milei, 24 de septiembre de 2024).
Producto de su perfil dogmático no nos resulta extraño que cuando el primer mandatario era aún candidato hubiera lanzado como definición "no negocio con comunistas", cuestión que afecta nuestras relaciones tanto con China como con Brasil, nuestros dos principales socios comerciales (Barca, 25 de agosto de 2023: 4).
Este camino estuvo determinado por una mirada de indiferencia u oposición sobre la potencia emergente o alternativa, China, como se observó en la propagación del mito de la depredación marítima[xxiii], desestimar la compra de aviones F117 y los diversos coqueteos con los representantes de Taiwán hechos durante la gestión de la primera canciller de Milei Diana Mondino, una línea roja para Beijing, quien no es solamente un importante socio comercial, sino financiero: el Swap fue una muestra de ello. Esta cuestión obligó a cierto pragmatismo por parte del gobierno argentino, como lo graficó Milei cuando dijo que el país del Lejano Oriente era “un socio muy interesante; no exigen nada, lo único que piden es que no los molesten” (Clarín, 30 de septiembre de 2024: 1). Sin embargo, este anuncio se fue diluyendo ya sea por las presiones norteamericanas (Lugones, 5 de octubre de 2024: 10) o, como sospechamos, con el triunfo de Donald Trump que le permitió al gobierno argentino volcarse plenamente hacia Washington.

Y vinculado a esta cuestión y la relación con el mundo emergente nos encontramos el rechazo a la invitación a formar parte de los BRICS a través de una carta dirigida a cada uno de los mandatarios de los países fundantes del organismo en la cual señaló que “en esta instancia no se considera oportuna la incorporación de la República Argentina al BRICS como miembro pleno” fundada en el hecho que “la impronta en materia de política de exterior del gobierno que presido desde hace pocos días difiere en muchos casos de la del Gobierno precedente" (Clarín, 30 de diciembre de 2023: 12). Esta situación expresa una situación de aislamiento más amplio que a la potencia asiática, sino al Sur Global en su conjunto[xxiv].
Existe una falta de prioridad regional observada en la funcionalización de nuestra área más próxima a la agenda de seguridad y económica propuesta por Washington, donde el proceso de ruptura de la relación con Venezuela fue una muestra de ello (Niebieskikwiat, 2 de agosto de 2025: 18).
Instrumentos como la CELAC o la UNASUR son cuestionados, con una escasa o nula participación, y sobre los cuales se anunció que está en estudio su salida. Incluso no nos aleatoria a esta cuestión que sus injurias tuvieran mayoritariamente como destinatarios a líderes latinoamericanos (Lula da Silva, Andrés Manuel López Obrador, Gustavo Petro y Gabriel Boric).
Con respecto al Mercosur, el anarcocapitalista lo definió como una unión aduanera "de mala calidad que produce desvío de comercio y que perjudica a cada uno de sus miembros" (Embajada Abierta, 14 de noviembre de 2023), lejos de lo que expresan los datos y del consenso existente en torno a ser un instrumento de inserción internacional.
Desde él propulsó los acuerdos con la Unión Europea y con EFTA, los cuales buscan consolidar aquel modo de globalización, e incluso señaló que podría articular acuerdos comerciales por fuera -como el imaginado acuerdo con Estados Unidos, cuestión que ya había sido planteada en los tiempos del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por Domingo Cavallo (2001).
Como producto de los insultos proferidos desde la campaña contra Lula Da Silva y su no retractación observamos el debilitamiento del eje con Brasil, una de las construcciones más importantes en estos cuarenta años de democracia, debido a la preferencia del argentino por Jair Bolsonaro, aunque no es una situación nueva, ya que hemos pasado por ello durante la gestión de Mauricio Macri hasta el impeachment a Dilma Rousseff y con Alberto Fernández hasta que el derechista tropical dejó de ser presidente.
La posición sobre el reclamo soberano argentino sobre Malvinas Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares tomó notoriedad en la campaña, a partir de un reportaje en The Telegraph a la futura primera canciller, Diana Mondino. Allí sostuvo que: "Los derechos de los isleños van a ser respetados, deben ser respetados y no se les puede faltar el respeto"(Lough y Makin, 10 de septiembre de 2023) [xxv].
Esta posición que contradijo la tradicional posición argentina que se expresa la primera disposición transitoria de la Constitución de 1994 y fue reforzada por el Presidente en un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas en 2025:
Y si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votar nos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo (Milei, 2 de abril de 2025).
Cuestión a la que hay que sumarle el hecho que, según su apreciación, para defender nuestra soberanía en vez de sumar apoyos múltiples, hay que construir:
… alianzas estratégicas con aquellos con quienes compartimos una visión del mundo… hoy el mejor recurso para defender nuestra soberanía y para abordar de forma exitosa estos problemas es precisamente reforzar nuestra alianza estratégica con Estados Unidos y con todos los países del mundo que defienden la causa de la libertad… (Milei, 5 de abril de 2024) [xxvi]
Sin embargo, este lineamiento debe sobreponerse al rechazo al multilateralismo, su apoyo a Israel y aislamiento regional hacen cada vez más difícil el logro de las resoluciones del Comité de Descolonización, donde esas tácticas influyen negativamente sobre los miembros de él.

Conclusiones
Está claro, y a pesar de cierta retracción de la globalización extrema desde 2008, el Gobierno de LLA busca profundizar el ingreso a ella y a partir de allí articulan el resto de su estrategia internacional: alineamiento acrítico con Occidente, o lo que creen que es; el rechazo a China como polo emergente; en el mejor de los casos reducir la integración regional a un puente con aquel proceso y una despreocupación por la cuestión territorial.
Es un ejemplo típico de globalismo, aunque queremos dejar planteados que sus aspectos innovadores - la tecnodiplomacia y el rechazo al multilateralismo-, más que reproducir un patrón podrían estas delineando un quiebre con el pasado.
Está claro que el diseño tiene racionalidad, aunque la cuestión es si ella se ajusta a las necesidades de un país periférico en este contexto y si su carácter excesivamente ideologizado podría producir problemas de sobreactuación con costos innecesarios.
Аutor invitado: Dr. Alejandro SImonoff
Instituto de Investigaciones en Ciencias Humanas y Sociales
Instituto de Relaciones Internacionales
Universidad Nacional de La Plata
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Notas:
[i] Si bien siguiendo a Cervo (2003) existen dos variantes de globalismo, el benigno y el asimétrico, pero en el caso presentado aquí y que se ajusta más a esta categoría, responde a la primera versión, la cual acepta acríticamente la globalización y la imposición de sus reglas bajo el liderazgo de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón.
[ii] No es porque debemos prescindir de ella, sino porque no puede ser su único objetivo.
[iii][iii] Como apuntó Rodrik, el Consenso de Washington II se diferencia del primero que era una versión más circunscripta a la promoción de ajustes neoliberales en el plano interno de los Estados, a “una agenda con una amplitud y ambición imposibles, con el título general de “reformas de gobernanza” … (Rodrik, 2011, 192)
[iv] Rodrik lo define como el proceso de “integración internacional de los mercados de bienes de capital se convirtió en un fin en sí mismo”, a costa de la reducción de las capacidades de los Estado Nación. (Rodrik, 2011, p. 96)
[v] Por ejemplo, el uso selectivo del derecho a proteger o de la defensa de los derechos humanos ha erosionado las capacidades de algunos Estado-Nación, pero también ese uso discrecional por parte de la Triada afectó su liderazgo en tales temas.
[vi] La lista de eventos que abonaron este proceso es largo, pero fue produndizada con la guerra comercial entre China y EEUU del primer gobierno de Donald Trump, la pandemia del COVID 19 y los conflictos en Ucrania y Gaza.
[vii] Este punto se refiere a cómo los Estados Periféricos deben ajustar su agenda frente al diseño que proponen las Grandes Potencias.
[viii] Esto no quiere decir que en el futuro lo pueda ser, pero dadas las características de nuestro país no hay lugar para exageraciones de este tipo, se debe tener la imagen más justa de la realidad posible.
[ix] Como acertadamente lo han indicado Juan Carlos Puig (1980) y Luis Dallanegra Pedraza (2009) la política hacia la potencia emergente en el escenario internacional es uno de los índices para evaluar la orientación general de una estrategia de inserción.
[x] Aunque resulta evidente como esta relación primariza la estructura económica local y regional.
[xi] Según Puig (1980) la integración comercialista la primera lleva a reforzar el régimen internacional vigente y a profundizar las asimetrías entre los socios al adoptar una perspectiva exclusivamente económica e interdependiente.
[xii] La propuesta OMC Plus intentó marcar una nueva agenda económica internacional impulsada fundamentalmente por los países del G8 y miembros de la tríada (Estados Unidos Europa Occidental y Japón), que fracasó en Cancún y que consistía en la ampliación de la comercialización y la incorporación de normas referidas a la competencia, a movimientos de capitales, propiedad intelectual, desregulación laboral, inversiones y cooperación en rubros como energía, medio ambiente, etcétera.
[xiii] Es una integración de carácter solidarista, la cual posee para Puig (1980) un marcado acento político y cultural por ser un instrumento para lograr autonomía, sobre la base de reconocer un mismo status y/o valores.
[xiv] A diferencia de las dos coaliciones globalistas previas, la de la década de los noventa y del gobierno de Macri, el sector del agronegocios tenía un lugar más central, principal beneficiario del comercio con Beijing de allí el cuidado de aquellas, mientras que el gobierno libertario centra su modelo en los capitales especulativos internacionales.
[xv] A pesar del RIGI la “Inversión Extranjera Directa (IED) tuvo durante el 2024 su peor año histórico: con ingresos netos por un total de apenas USD89 millones” (Cuparo Ortiz, 13 de febrero de 2025).
[xvi] Denominamos así al desarrollo de una estrategia de vinculación por parte del gobierno libertario con los empresarios Big Tech que Ian Bremmer (2021) ha identificado como “tecnopolares”.
[xvii] Milei declaró que “admira” al dueño de X porque “es un anarcocapitalista” como él, además de coincidir con la libertad de mercado, el estado mínimo y la eliminación de todo tipo de trabas burocráticas y donde el primero propone “maniatar cualquier intento regulador” (Esteban, 2 de junio de 2024: 20)
[xviii] La “batalla cultural” es un instrumento central en su accionar político, concebida como “guerra” en múltiples planos contra el wokismo, en ella “se pone en marca una narrativa complotista y paranoica que ve un enemigo en cualquier que se atreva a expresar una disidencia.” (Grimson, 2024: 255)
[xix] Es un nivel de concurrencia inédito en la historia, incluso comparado con otras experiencias globalistas.
[xx] Este fue uno de las primeras batallar culturales sobre la Agenda 2030, la cual el gobierno considera “socialista” (sic) y llevando adelante una posición ultraconservadora y disruptiva con el pasado reciente (Niebieskikwiat, 24 de junio de 2024: 9).
[xxi] La Secretaría de Agricultura de Trump, Brooke Rollins señaló al respecto: “América primero, no a China, no a la India, no a la carne argentina, no a los lácteos de Canadá. Primero América” (La cursiva es nuestra, Clarín, 11 de abril de 2025: 9)
[xxii] Este plegamiento a la política israelí en general y por el apoyo al bombardeo israelí y norteamericano a instalaciones nucleares le ha valido al gobierno argentino la calificación por parte del régimen teocrático de Teherán como “enemigo de Irán” (Lugones, 17 de julio de 2025: 15)
[xxiii] Desde los Estados Unidos y el Reino Unido (ocupante de nuestras islas Malvinas) se ha difundido un mensaje sobre la depredación pesquera China en nuestra área económica exclusiva, cuando en realidad el número de capturas la ubican muy por detrás de España, Taiwán y Corea del Sur (Eissa, 2023).
[xxiv] Creemos que esto se fundamenta en la reivindicación de la Argentina como parte del núcleo de potencias occidentales, sin considerar ciertas particularidades, como el hecho de ser un país periférico.
[xxv] En esa expresión existió una falta de precisión por no ubicar el diferendo en término bilaterales (Argentina y Gran Bretaña como viene sosteniendo nuestro país) sino trilateral (ambos más los kelpers, la posición de Londres) y la ausencia de la diferenciación entre intereses y deseos de los malvinenses sustentada desde la Resolución 2065/65 de la Asamblea General de la ONU que invita a las negociaciones.
[xxvi] Es una lógica similar a la que guio al Dictador Galtieri durante la fase previa al conflicto en el Atlántico sur de 1982 y se fundamentaba en el hecho que su alineamiento con Reagan le iba a garantizar el favor de Washington, cuando en realidad estaba muy claro desde un principio que los británicos eran los mejores amigos de la Casa Blanca.

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